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16 junio 2008

16 - PdVP - La alegría del primer Cómic



Por John J. Mejía

Meditaba camino al trabajo sobre cómo comenzar este artículo. Un artículo que originalmente planeaba titular "¿Por qué me gustan los cómics?". Así que entre paso y paso comencé a hacer remembranza de aquellos años mozos cuando descubrí mi primer cómic o mi primer historieta, porque por aquellos lejanos días la palabra cómic era ajena a mi vocabulrio.

El fin de uno, el nuevo comienzo de otro

Quienes hayan leído artículos pasados supondrán que tan feliz encuentro tuvo lugar con el número 75 de Superman, aquel celebre capítulo en que el Hombre de Acero muere a manos de Doomsday, pero se equivocan.

En la segunda mitad del año 92, la noticia de la inminente muerte del primer superhéroe me hizo regresar a los cómics, un mundo que había abandonado al terminar mis estudios de bachillerato (o secundaria como le llaman en otras latitudes) y que no creí reencontrar estando en la Universidad. Fue para ese diciembre que tuve en mis manos mi primer cómic original en idioma inglés, regalo de Navidad de mis hermanas (y uno de los que recuerdo con más cariño). Se trataba del número 74 de la colección, cuando Superman se encuentra por vez primera con Doomsday. Andaba completamente desubicado entonces, no conocía a Booster Gold ni a Blue Bettle, ni mucho menos a Maxima, personajes con los que aquel número iniciaba en su primer página, pero aún así estaba emocionado por tener conmigo esos "monitos", como se les llamó alguna vez.

Una gratitud eterna

En mi búsqueda por aquella "primera vez" me remonto ahora a un número de Spider-Man en que enfrenta a un tipo vestido en traje de gorila, o mejor dicho, en un disfraz de "Gibón". Calculo que fue a finales de los 70s, en un número 16 de la colección impresa por Editorial Greco (que luego cambiaria de nombre), con dibujos a blanco y negro, o mejor dicho, a blanco y café. Supongo que el café era mas barato que el negro. Hoy día muchos dirán "que horror!", pero al niño y aspirante a dibujante que había en mi poco le importaba. La razón era simple. Aquel número no me impactó por su historia (era una segunda parte así que tocó cogerla al vuelo) sino por la calidad de sus dibujos. Increíblemente, si hay algo que extraño, es que los cómics de superhéroes no vengan a blanco y negro. Era sorprendente la cantidad de detalles que podías encontrar entonces y como el color era un lujo, algo que ponían en "pos-producción" y no parte integral del dibujo, parecía que aquello servía como incentivo para que los dibujantes y entintadores pusieran el alma en cada página. Creo que ese número lo dibujaba John Romita Sr. (aunque en aquel entonces no se le conocía con el título "Sr." o "Senior"), una leyenda para los fans de hoy. Y fueron precisamente sus dibujos los que me llevaron a casi que obligar a mi padre a conseguir al Hombre Araña cada semana.

¿Cada semana?

¡Sí! ¡El Hombre Araña aparecía en las tiendas cada semana! Algo que hoy se considera una novedad con los tres publicaciones por mes de Amazing Spider-Man o las "innovadoras" series semanales de DC Comics, la que este año se titula Trinity. Eso que es hoy una nueva onda en el mercado americano, en Colombia, hace muchos años era la costumbre. Y aunque era todo una excentricidad "desperdiciar" dinero en esa época (y casi que lo es hoy día también), en aquellas revistas de historietas, mi padre se esforzaba por no llegar a casa sin ellas. Así son los padres con sus hijos: alcahuetas. ¡Gracias papá!

Volviendo al caso, esa tampoco fue mi primera vez con los cómics ni mucho menos con los superhéroes.

Todo empieza en la familia

Esforzando la memoria y pasando por sobre los traumas de la infancia, llego al recuerdo de mi bien amado tío. El tenía cuando yo era niño un negocito de ventas de refrescos y para compensar, compraba revistas para alquilarlas. Así es, hace muchos años la gente pagaba por leer revistas de todo tipo, incluidas y por sobre todo, las de historietas. Fue allí donde pude leer mucho de Superman, Batman, el olvidado Killing (una foto-revista mexicana que me encantaba) y por supuesto, todas y cada una de las aventuras de Mickey, Donald, Tribilín, Tío Rico y demás personajes Disney. Y no era el dibujo o la historia en si, era el conjunto de los dos los que me atrapaban entonces. El poder disfrutar de esa lectura y encontrar a la vuelta de cada página qué nuevo traspiés encontrarían esos personajes, qué nuevas situaciones debían sortear para completar su aventura, sin esperar que en el proceso cambiaran su forma de ser, se hicieran más grandes o menos torpes. Y aunque esos fueron momentos gratos en los que absorbí la mayor cantidad de historietas durante mi infancia, no fueron, tampoco, los primeros. Así que de vuelta al torbellino del tiempo, pero no se aburran que ya casi llegamos a puerto.

El vicio dominguero

Si bien los cómics no eran parte obligada de la canasta familiar, si lo era el periódico. Y por años, cada mañana de domingo esperaba con ansia esos pliegos de papel impreso que contenían usualmente un suplemento adicional: Las tiras cómicas dominicales. La primera que recuerdo venía con los usuales relatos cortos de Olafo, Lorenzo y Pepita, Educando a Papá y uno que no conocía entonces y con el que luego me hice muy familiar: El Fantasma. Y en la penúltima página, en la segunda mitad aparecía un "La liga de la Justicia presenta: Superman". Y he allí el primer encuentro impreso con el héroe que sería la luz de mi vida (exagero claro, para efectos del artículo). Ya lo conocía por los programas matinales de los sábados con los Superamigos, pero creo que esa fue la primera vez que lo vi dibujado en el papel y lo seguí los domingos por muchos años más. Aquella primera vez (que debió ser cuando tenia unos 6 o 7 años supongo) el Hombre de Acero aparecía solo en una viñeta y sin capa, porque esa la llevaba Flash para evitar no se que cosa y curiosamente, ésta se estiraba conforme Flash corría sujetándola. Hoy día creo que no se estiraba sino que era parte del lenguaje del cómic para representar algo que no recuerdo qué era, pero que yo sepa, entre las propiedades de la capa nunca estuvo el de estirarse así. Siendo niño, entenderán que solo quería ver a mis héroes en acción sin darle mucha lógica a la acción contenida en esos cuadros. Y eso era precisamente lo que hacía.

En los años que siguieron fue a través de las tiras dominicales que seguí mis primeras aventuras del Hombre Araña (no se los había dicho ya?), El increíble Hulk (y pensar que por muchos años creí que "Hulk" significaba "Hombre" por culpa de la serie de televisión, hasta que la curiosidad cuando lo vi en los cómics de Greco, que para ese número cambió de nombre a Cinco, me hizo buscarlo en el diccionario bilingüe Bantam de tapa roja y entender por qué lo llamaban "Armatoste"), Roldán el Temerario (que asumí luego era una copia de Flash Gordon, ¡qué inocente!, ¡¿no?! ¡Eran el mismo!), Mandrake el mago, Brick Bradford y su "trompo del tiempo", etc. etc. y un largo etc. Pero si creen que llegamos al final, se equivocan de nuevo. Ese tampoco fue mi primer cómic.

El inicio de un camino poco aburrido

Ahora si vamos a descubrir el misterio. Eso creo. Y es un creo muy grande porque a mis 37 años mis recuerdos de infancia son increíblemente vagos. Pero estoy casi seguro que aquella historieta que inspiró mi afición por la lectura de estas aventuras contadas en cuadritos, por los diálogos en eso que luego supe se llamaban "globos", que me enseñó las convenciones de las historias ilustradas, del qué significaban aquellas líneas cuando aparecían corriendo, o los gráficos en los globos que en realidad significaban malas palabras, no fue otro que el superhéroe favorito de Latinoamérica. No, no fue Mafalda, Boggey el Aceitoso o Kalimán el hombre increíble. Tampoco Memín, o el señor de la Selva Arandú (a poco creyeron que hablaba de Tarzán? Bueno, él tampoco fue). Se trata del inmortal, el único... Si señores: Condorito. Las historias de Condorito eran usualmente de una o dos páginas antes de alcanzar el "Plop!", pero habían también contados relatos de cuatro páginas con trama, nudo y desenlace jocoso y esos eran mis favoritos. Recuerdo con cariño aquellos relatos del chileno René Ríos (mejor conocido como Pepo) con el compadre Chuma, Huevoduro, Comegato, la sensual Yayita, el pesado saco de plomo del Pepe Cortisona y el travieso Coné. Se que quizás muchos (especialmente aquellos con una década menos encima) dirán que tengo mucha personalidad para admitir algo así y se burlarán a mis espaldas (lo que sería innecesario siendo que no puedo verles las caras al otro lado de la pantalla mientras leen este blog), pero así fue. De no haber sido por la alegría que encontré leyendo las aventuras a cuatro colores de Condorito, quizás nunca le habría dado a los cómics "mas serios" de superhéroes una oportunidad.

Como ven, ha sido un camino largo desde aquellos primeros cómics y ha sido divertido transitarlo, ver crecer y evolucionar esa fuente de afición. Es un camino que todavía no he terminado de recorrer y la verdad, a pesar de las decepciones que a veces se encuentran, hay tantos ratos alegres, tantos sueños compartidos, tantas emociones involucradas, que no quiero que termine.

Y sobre el artículo que originalmente planeaba escribir, creo que lo dejaré para otra ocasión. Seguro estan de acuerdo que por ahora, ha sido suficiente. Lo único que lamento es no haber tenido de niño la visión de guardar esos primeros cómics. Hubiera sido divertido volver a leerlos.

Es sólo un punto de vista personal, gracias por permitirme compartirlo.

¿Cuál es el tuyo?

Referencias:

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14 junio 2008

¿Mattel y DC Comics censuran a LOBO?

por Victor A. Vergara

Para la Convención de San Diego de este año (24 al 27 de Julio), se ha anunciado que se pondrá a la venta la figura exclusiva de Lobo dentro de la línea de juguetes realizada por Mattel llamada “DC UNIVERSE: CLASSIC”. Esta figura solo estará disponible para los asistentes a dicha convención y no podrá ser adquirida en tiendas o por venta directa en Internet, la razón de esto según el comunicado, ha sido que DC Comics y Mattel, según anunciaron en el Panel conjunto en la Convención de Comics de New York, consideran que un personaje como Lobo está más orientado hacia un público adulto y no debe venderse masivamente en tiendas, ya que su carácter violento y rebelde daría una imagen equivocada de la compañía y sería contraria al publico al que supuestamente está dirigida.

La figura en cuestión al igual que le resto de la línea fue esculpida por los Four Horsemen Studios, mide aproximadamente 6 pulgadas de alto (15 cm.), tiene variados puntos de articulación y entre sus accesorios trae un arma, un gancho y su perro mascota Dawg.

En diversos foros de discusión, muchos fanáticos se han quejado de que la figura de Lobo sea de venta tan exclusiva y lo consideran un error, considerando que es un personaje que goza de una relativa popularidad y que no solo tiene fanáticos dentro de los comics, sino que también es apreciado por fanáticos del Metal u otros estilos.

Antes ya había ocurrido algo similar con este personaje. A mediados de los 90, Lobo tuvo su primera aparición en la serie animada de Superman con un relativo éxito. Kenner era entonces la empresa encargada de sacar la línea de juguetes de Superman Animated y comenzó a rumorear que para la serie 5 de esta línea, aparecerían nuevas figuras que harían las delicias de los fans, como el Dr. Fate, Flash y Lobo. Dicha serie jamás apareció, pero la serie de juguetes de Superman continuó a través de elaboración de Packs de cuatro figuras.

Otro caso mas reciente, ha sido en la exitosa serie de juguetes de la Justice league Unlimited, también realizada por Mattel, en ella se ha dado cabida a casi la mayoría de los personajes que aparecen en la serie incluyendo algunos que solo hacen pequeños cameos o expresan una sola línea como el Elongated Man, Némesis o Sandman, pese a que Lobo aparece por lo menos en dos capítulos de esta serie y en los foros ha sido muy aclamado, a la fecha no hay planes de que salga una figura en dicho formato.

Resulta curioso el argumento dado por DC Comics y Mattel para limitar la venta de esta figura, basada en la supuesta naturaleza violenta del personaje. Hace mas de 10 años que se venden en el mercado figuras mucho más “truculentas o violentas” destinadas al mercado masivo, como son las líneas de Spawn, Mortal Kombat o Resident Evil, sólo por nombrar algunas. Incluso la misma línea a la que corresponde esta figura “DC UNIVERSE: CLASSIC” incluye otros personajes tanto o más violentos que lobo como son Terminador, Orion, Despero y Etrigan.

El argumento es totalmente irracional, si la figura es tan moralmente cuestionable o perjudicial, entonces ¿por qué sacarla al mercado? ¿No sería mas provechoso para la compañía haber sacado otro tipo de héroes menos cuestionables como por ejemplo Animal Man, Ice, Capitán Marvel, etc? o tal vez otros más comerciables como Darkseid o Superman. Obviamente tampoco hay un criterio comercial, si se decidió que era una buena elección de figura, que era popular y rentable ¿por qué limitar su venta a un solo lugar? ¿Por qué perder la oportunidad de venderla por Internet y obtener mas ganancias? ¿Acaso los asistentes a la Convención de San Diego son personas distintas de las que asisten a un supermercado o tienda, a los cuales “la influencia” de esta figura no los afecta? Esta postura tomada por las compañías solo crea una especulación y ganancia a los revendedores y priva a muchos consumidores de poder adquirir ese producto y ha ellos los priva de ventas de potenciales.

El tema, en este caso no pasa por la comercialización o no de esta figura en particular, que en último término compete al interés comercial de las compañías, sino por el argumento dado por estas para su censura o distribución limitada, el cual esta basado en criterios arbitrarios, moralistas y hasta arcaicos, como por ejemplo que la figura en venta masiva de este personaje va a motivar que sus consumidores se vuelvan mas violentos o solo por tener esta figura inmediatamente se asociara a la empresa DC Comics con este tipo de conductas, dicho tipo de reacción no puede esperarse ni siquiera de niños menores, sólo de subnormales o enfermos mentales que es lo que insinúa esta restricción. En el fondo, los consumidores potenciales de este producto son tan poco inteligentes e influenciables que es mejor sacar el producto de las estanterías antes de que se genere un Apocalipsis y salgan los niños a la calle creyendo ser Lobo, cosa curiosa, ya que sabemos que no ha ocurrido con los fanáticos de Wolverine, Batman o Punisher .

Al parecer ambas empresas olvidaron algo fundamental: una figura, un juguete, no es malo o violento, es solo eso una cosa. No tiene vida, no da órdenes ni orienta sobre la vida, da lo mismo lo que represente, la intención o razón de la compra, va a variar de un individuo a otro y se dará el caso de quien no habiendo leído un comic en su vida la tenga como adorno, o el niño que la use simulando que es un avión. La figura de acción seguirá siendo lo mismo, una cosa y difícilmente el hecho de poseerlo va a transformar a su dueño en una máquina asesina ansiosa de violencia, pensar así solo muestra el grado de ignorancia y prejuicio digno por lo menos de la época de la inquisicion.

Si la preocupación Moral de DC Comics es tan grande quizás debiese preocuparse de ennoblecer a sus héroes y evitar la carnicería que realizan a diario en muchas de sus revistas donde se puede apreciar una violencia gráfica sumamente excesiva, como por ejemplo: descuartizamientos de héroes (crisis infinita), muertes alevosas, torturas, etc. que pueden dejar marcas más profundas en quien las lee por primera vez y que están en su mayoría destinadas a un público masivo. Y en el caso de Mattel revisar también el tipo de productos que realiza en todas sus líneas y ver si todos cumplen con criterios tan estrictos.

Es de esperar que este sea un caso aislado, que en lo posible se rectifique no solo para adquirir este producto, sino también como un signo de respeto por parte de estas empresas hacia la inteligencia de sus consumidores, y un reconocimiento a su autodeterminación y libertad de adquirir el producto que estos deseen.

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